Ser espabilado está sobrevalorado y sería incluso capaz de decir que ser listo más, cada día encuentro personas más llenas de conocimientos y vacías de cosas que sí importan. Despreocupadas por mejorar su forma de ser, seguidores de una moral irrespetuosa y ya deshumanizada. ¿Dónde quedan los seres humanos? ¿Dónde quedan esas personas basadas en sentimientos? ¿Dónde? Están en extinción. Parece que una nota, un número, un billete del color que sea, una máquina con cuatro ruedas, un aparatejo con el que llamar, un trozo de plástico con luces cobra más importancia que una persona llena de valores, actitudes, respeto, amor, vida. Tengo una persona muy cercana que para mi es mi día a día, dejando mis obligaciones aparte, es una de las pocas personas que me hace sentir viva. Y no, él no es una nota, no es un DNI, ni un coche, tampoco es un móvil ni un ordenador, es auténtico. Es por eso mismo mi mejor amigo, una persona que me da ideas, sueños, esperanzas, motivos, visiones nuevas de la vida, olores, sabores, todo. Es una persona muy completa, pero su personalidad no es tan relevante hoy en día y eso le trae de cabeza alguna que otra vez. Yo me siento así, siento que no soy una de esas personas brillantes, de esas que van a tener mucho dinero porque son inteligentes, tampoco soy una gran visionaria y lo que diría que se me da mejor es hablar. Hablar por hablar. Pensar. Pero eso, no está muy infravalorado. Quizá algún día, en algún mundo sea algo más que cuatro palabras en un blog, ¿no?
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