lunes, 27 de septiembre de 2010

A veces me gustaría viajar por mi estómago y llegar a mi corazón, bombearme un rato y acelerar hasta el cerebro, dónde vería cada neurona palpitar, con luces de colores. Me gustaría ver papeles amontonados en una mesa y ellas corriendo, de aquí para allá, llevándolos, para decirme qué pensar. Una neurona llega cansada, agotada, con un dibujo. Ella es la más rápida, se lo da a otra. Una está dandóle a unos botones, mientras a su lado otra espera a echarle mano a una palanca. Sale una disparada, de camino a la nariz, con un pequeño frasco y la de la palanca le da. Otras pulsan más botones, más palancas, un, dos, un, dos. Alguna mantiene pulsado el botón como si le fuera la vida en ello, fuertemente. Corren dos más, directas a la boca, con papeles en las manos. Sigue pulsando la del botón, sin dejarlo estar, y ahora echa una palanca hacia un lado, lentamente. Tira la palanca hacia arriba poco a poco, esta vez. Ahora un grupo más grande corre hacia la boca de nuevo, parece un trabajo complicada. Y yo sigo ahí, sentada y mirando, creo que no se han percatado de que estoy aquí. Otros grupos siguen yendo hacia la boca, dos más parece. Ahora hay mucho ajetreo, la del botón principal pulsa una y otra vez con espacios de tiempo y se queda quieta. Ahora otra corre con papeles de nuevo y parece que todo se calma. En aquella mesa de papeles, algunas aun cogen y se van corriendo.

- Mhhhh.. Qué rico - sonreí, y de momento me di cuenta - ¿Cuántos papeles habrán movido por mi...?

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