Mirar atrás y sentir que todo ha acabado. A veces te levantas con un sentimiento en la cabeza, y digo en la cabeza porque es ahí donde reside. Se te queda entre ceja y ceja y no dejas de rumiarlo.
Soy una persona sumamente impulsiva, lo que pienso lo digo y no me paro. Sobretodo cuando creo en esa persona, cuando creo que es mi persona o lo puede ser. La pruebo constantemente, le doy mil vueltas por si acaso me dejo algun cabo suelto y es que la experiencia te hace ver las cosas desde más dimensiones. La cosa es que tienes ese sentimiento ahí y quieres hacer algo respecto a él. Aunque seas una persona impulsiva, aquí te paras a pensar qué harás, lo piensas una y otra vez. ¿Qué hacer respecto a él? ¿Qué hacer? A veces es mejor dejarlo correr, olvidar que está ahí, aunque es difícil, se puede hacer. Pero lo mío es equivocarme. Lo mío es tropezar. Tengo las rodillas con tantas marcas que no sabría decir cual es de cuando... Me tomo el lado positivo, que de esta manera aprendo. Que sonría, que todos nos equivocamos. Todos hemos pasado por ese punto. ¡No te preocupes! ¿Qué pasa cuando has pasado como diez veces por el mismo punto? ¿Qué pasa cuando no has aprendido de la primera, ni de la segunda, ni de la tercera vez? Llega la cuarta, y sí, te cuesta menos reconocer el error. Pero sigues teniéndolo. Supongo que sólo queda resignarse y pensar otra vez en las frases de siempre. Eso que siempre nos motiva. La próxima vez, será mejor...
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