
Corrí hasta el baño, abri el grifo y tomé agua con las dos manos. Me eché el agua en la cara, algunas gotas cayeron hasta mi ropa y en el pelo. Suspiré y me miré al espejo, aguantándome en los bordes del lavabo. Me miré intensamente. A mí. Pensé en cómo debían sentirse las personas cuando se veían en el espejo. Cuando trataban de posar para gustarse. Pensé en el sentido que tiene un espejo. Pensé en cómo nos veían los demás el resto del día, cuando llevas el pelo deshecho o tienes algo en la cara.
Suspiré de nuevo y cogí una toalla. Me sequé la cara y me cepillé el pelo. Volví a observarme, como si mirase a una extraña. Salí del baño y sonreí. Le hice una broma sin gracia a la primera persona sentada en la mesa. Me eché un mechón de pelo por detrás de la oreja y seguidamente le sonreí a la chica que se sentaba a mi lado. Hablé fingiendo entusiasmo de temas que nunca me interesaron. Y pensé en aquello que pensaba muchas veces. Cerré los ojos por un instante.
- ¿Te pasa algo, Lisa?
Me estremecí. Abrí los ojos rápidamente y sonreí.
- Sólo estoy un poco cansada - ella me devolvió la sonrisa. Realmente estaba muy cansada. De fingir.
Vivir sin ser lo que quieres ser es algo que hace mucho daño. ¿Realmente merece la pena esforzarse tanto por conseguir la aprobación de los demás, si el precio es destrozarte a ti mismo?
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