jueves, 16 de febrero de 2012

Siento su respiración en mi nuca. El corazón me palpita lentamente y una música suena en mis oídos. Es esa guitarra. Noto las cuerdas, noto cómo los dedos rozan las cuerdas y suena esa hermosa melodía que no puedo olvidar. Sus manos me rodean y me hacen sentir pequeña, muy pequeña. Suena el despertador, es tarde, me visto rápido, corro hacia la puerta, sonrío a la chica que se sienta en nuestro sillón negro y cogiendo las llaves me voy. Llego a clase, sonrío a los presentes y escucho lo que me puede o no interesar que dice la profesora. Me quito la bufanda, la pierdo. Charlamos en el descanso, más sonrisas y algún suspiro de cansancio. Volvemos a la clase, café en mano y escuchando más palabras, vacías o no, que se juntan. Hacemos alguna actividad, aprendemos. Es la hora, voy a casa. Reparto besos y hasta luego, camino hasta casa, pensando que no hay muchos deberes que hacer. Cojo el ascensor, no hay nadie, no hay correo, tercero, bajo. Abro la puerta, huele a comida. En la cocina están ellos, riendo, discutiendo. Dejo las cosas en mi cuarto, abro la ventana y cierro la puerta. Voy a la cocina, saco algunas cosas de la nevera y otras del cajón. Huele bien. Sonrío y hablo un rato mientras cocino. Lo llevo todo al comedor, enciendo el ordenador, acomodo el sitio. Bajo la persiana, maldito reflejo. Me siento y como, miro el facebook, la web de la universidad, las diferentes redes sociales, youtube, una serie o una película. Llevo los platos a la cocina, los lavo en el momento, o no. Vuelvo al ordenador, ¿me siento cansada? A la cama. Duermo dos o tres horas y algo de deberes. Llamo a mamá, deportivas y a la calle. Le cuento mi día, mis pensamientos, lo que pasa. La escucho, hablamos de él y de los demás. Llego a casa de nuevo, cuelgo. Me quito la ropa, voy a la ducha, me enjabono y me enjuago. Hace frío. Voy a la habitación, me pongo el pijama y me preparo para jugar al LOL. Juego una o dos partidas, ya va siendo la hora de cenar. Se despierta. Sonrío. Le contesto, y hablamos cosas sin importancia. Juego más, se hace tarde y voy a la cocina. Hago la cena y como delante del ordenador, siguiendo lo que hice al mediodía. Acabo y vuelvo a hacer unas partidas, hablando siempre con ellos. Risas y risas. Algún que otro pique, y mientras, dibujo algún corazón. Son las doce, buenas noches. Le llamo. Voy a la habitación y dejo el ordenador sobre la silla. La acerco a la cama y me meto en la cama. Hablamos unos minutos, a veces se hacen horas. Discutimos. Decimos tonterías y alguna cursilada. Se me cierra los ojos, un último te quiero, dormida. Y siento sus pies en mis pies. Su aliento en mi nuca. El corazón me vuelve a palpitar lentamente y una música suena en mis oídos. Es esa guitarra. Noto las cuerdas, noto cómo los dedos rozan las cuerdas y suena esa hermosa melodía que no puedo olvidar. Sus manos me rodean y me hacen sentir pequeña, muy pequeña. Y de repente, vuelve a sonar el despertador. Buenos días.

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