martes, 28 de febrero de 2012


Te encantaba jugar con él. Arriba, abajo, al lado, al otro lado...¡Lo cojo! Lo dejo, mañana más, me voy a dormir. Eras tan egoísta. Dejabas que cayesen sus lágrimas, que la soledad le engullese, te daba igual. Aunque siempre decías lo contrario. Es curioso cómo las personas pueden decir algo que no piensan ni sienten. Fue una de tus palabras preferidas, la hipocresía. ¿Recuerdas? Las personas que decían que algo estaba mal pero lo hacían, las personas que hacían parecer algo que realmente no era así... Se te llenaba la boca cuando hablabas del tema. Pero ahora no. Ahora ya no. Porque te enviaron lejos, lejos de todo aquello que podías hacer. Ahora te quejas. Gimes entre susurros que nada es lo mismo, que el invierno se siente cerca de aquello con lo que te encantaba jugar. Quizá es que perdiste el derecho de acercarte y por eso, tanto frío sientes, porque al lado de él, siempre hace calor. Perdiste el derecho de tenerlo en tus manos... Perdiste la confianza de que te lo diesen. Hiciste aquello que odias tanto...

Perder.

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