Tragué saliva y suspiré, mire a un lado, creyéndome más víctima de lo que era - No sé si le pasa a todo el mundo, pero.. Nunca me he sentido realmente querida por un chico. Y cuando digo nunca, es nunca. Bueno, siento que tienen algún tipo de compromiso conmigo, como que saben que lo mío roza los límites de la obsesión y por eso se sienten obligados a sentir algo por mi, pero no lo sienten realmente, o yo qué sé. Nunca he conocido a nadie que me ame como yo - fruncí el ceño y me deprimí más aun. Sonaba tan triste con aquellas palabras.
Él me miró, como si fuese una estupidez lo que había dicho, como si pensase que era una cría, una mimada estúpida que quería sentirse querida como si fuese especial - ¿Eso es lo que tanto te preocupa? ¿Que nadie te ha querido de verdad? - puso un tono irónico. Me molestó, ¿pero qué podía hacer? Nada. Le observé, buscaba compasión, comprensión...Quizá buscaba sentirme eso, víctima.
- Deja de hacer el imbécil. La gente no puede esperar sentada a que la quieran, no puede querer y esperar ser querida, primero tienes que ser, ser tú y que alguien te vea entre los demás, pero a ti eso no te pasa, no te va a pasar, porque a ti te gustan las cosas rápido y como nadie se fija en ti en breve, eres tú quien intenta hacer eso con los demás, y es así, como haces que quién deba fijarse en ti, no lo haga. Eres estúpida - se apoyó en su mano, serio, impasible.- Eres un insensible - balbuceé y entrelacé mis dedos.
- Ya te he dicho lo que eres, no me gusta repetirme - cerró los ojos, cansado de mi.
Sabía que no le gustaba, que no quería oírme, así que simplemente me levanté.
- Es tarde, nos vemos mañana, cuídate - corrí rápido, con lágrimas otra vez y pensé que debía tragarme todas las tonterías. Pensé que era una niñata y bueno, no me faltó razón. Llegué a casa, cansada y sin aliento. Abrí la puerta, dejé las llaves con cuidado sin despertar a mamá y papá, caminé despacio hasta mi habitación y me quité los zapatos. Me desnudé de pies a cabeza y me acosté sobre la cama. No dejé de llorar en horas hasta que los ojos no dieron más de si y me dormí, con la misma idea infantil y quizá más real de lo que parecía en la cabeza.
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