Me levanté, ese sonido me atormentaba. La alarma había sonado varias veces ya y salían todos los avisos que tenía que aceptar. Tenía la vista borrosa, pero tenía que ir hacia el timbre, seguía taladrandome la cabeza. Pensé quién sería, era temprano y no quería abrir, me hubiese quedado durmiendo veinte horas más, estaba bien allí. Llegué a la puerta, y con esfuerzo levanté mi mano hasta el pomo. Me acercé lentamente hasta la mirilla, aunque me costaba más aun ver quién estaba allí. No veía a nadie y me giré, deseosa de volver a la cama. Sonreí pensando en aquella diadema de colores que le daba a alguien en mi sueño, en volver a él y olvidarme del mundo unas horas más, pero entonces volvió a sonar. - Maldito tío del contador de la luz... - pensé.
Llegué de nuevo a la puerta y la abrí.
- Hola Eva - sonrió quién se encontraba frente a mi.
- Ehm.. Perdona..- me frote los ojos y me aparté el pelo - ¿Te conozco?
Asintió y se quedó frente a mi, con una sonrisa, sin dejar de mirarme.
- Mh..¿Y qué querías..?- le observé.
- Que despiertes - siguió parada, allí, inmóvil.
- ¿Perdona? - no pude evitar una horrible mueca. Se estaba quedando conmigo, fijo.
Empezó a reír - Venga, despierta ya, dormir tanto no te hace ningun bien - siguió mirandome y sonriendo, como si esperase alguna acción de mi. No sabía como reaccionar.
- Err.. Estoy despierta, aquí, frente a ti - hice algunas señas, para explicarme mejor, o para pretender que aquello fuese más real.
- No, no, estás dormida - siguió sonriendo.
- ¿Es que no me ves? Estoy aquí, de pie - sonreí y pensé que aquello era una locura, así que procuré ir cerrando la puerta y despedirme - Ehm.. creo que no nos entendemos, bueno, hasta pronto - sonreí sin ganas y procedí a cerrarla.
- No lo intentes - paró la puerta con la mano sin dejar de sonreir. La miré con miedo, me asusté realmente y la observe impaciente por ver su próximo movimiento e incapaz de moverme.
- No voy a dejar que vuelvas encerrarte ahí, no otra vez - se mostró algo más seria.
- E-es mi casa... - la miré, arrepintiendome de mis palabras.
- Lo sé y no vas a volver a encerrarte ahí Eva, no puedes - alzó una ceja.
- Pero..¿Por qué? - la curiosidad se comía mi miedo.
- Porque no puedes volver a dejar de ser tú, despierta - se acercó y puso su mano en mi hombro. No lo sentí.
- ¿Ves? Estás soñándo, soy tu sueño, tu cabeza y te digo que despiertes - me miró seria ésta vez.
- ¿Por qué tengo que despertar? - derrepente, cambié de actitud, sin darme apenas cuenta. - ¿Para qué?
- Porque no puedes perderte tu vida - me miró con determinación. - No otra vez.. - Y desapareció. Bueno, todo desapareció. Una pantalla negra nubló mi vista. Derrepente sentí una fuerza desde el pecho y entre sudores abrí los ojos. Estaba en la cama, acalorada, casi sin aliento, veía las sábanas y los rayos de sol, despierta... Sin perderme un minuto de mi vida.
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