domingo, 11 de septiembre de 2011
Nunca me ha gustado leer. Será porque mis padres se empeñaban en castigarme a leer, y normalmente leo cuando no tengo nada mejor que hacer. Esta semana ha sido sumamente extraña. Me sentí como Alice, cuando vivía su vida con Jake. Era como si todo me pasara pero nada me tocara. Así estoy viviendo yo esta semana. Soy consciente de que esta misma semana, oficialmente, me voy. Me voy otra vez allí, lejos de esto. Que se acaban estas, increibles, vacaciones y empiezan los cambios y todos esos planes que la gente planea en año nuevo y yo hago en septiembre. Es como cuando fui a acuarama y me dijeron que subiese a aquella atracción, que en otro momento, ni me hubiese pasado por la cabeza subir. Esa que es alta y te entra vértigo sólo de verlo desde abajo. Ese sentimiento de que sabes que aunque te subas, la adrenalina te correrá lenta por las venas. Como que no vives las cosas que te pasan. Eso es lo que pasa. Y ahora tengo que volver a romper esa vida, ya a trozos, y meterla en mi maleta. Pero sin vivirla a pleno pulmón, me cuesta mucho más.
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De vez en cuando hay que cambiar el escenario para poder vivir escenas nuevas. Aunque conozcamos ese mismo escenario de haber pasado por él muchas veces antes...
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