sábado, 26 de noviembre de 2011


Se arropaba con la manta, avergonzada.
- ¿Y ahora qué? ¿Qué hago estando siempre en esta situación? ¿Qué me pasa? - suspiró.
- Pues como siempre, echar adelante. Sabes que no es para tanto.
- Bueno, eso crees tu, pero es que es a la mínima. Pasa alguna tontería y ya necesito algo, ya necesito gritar, insultar, pegarle a algo. Me entra una ira inexplicable y necesito vomitar idioteces que sé que hacen daño.
- Pues lo explicas, lo explicas todo y ya - dio un sorbo al café con leche.
- ¿Y si no puedo? ¿Y si no sé? - se cogió la frente con la mano izquierda, agotada.
- ¿Y si lo intentas? - sonrío.
- Tengo miedo, ira pero sobretodo me invade la soledad, está en cada rincón. Adoro algunos momentos en los que me siento menos sola, pero... de normal, esa sensación de soledad y miedo, no para de estar ahí.
- No estás sola. Estoy contigo. Y hay más gente contigo, lo sabes.
- Pero mi corazón, no lo siente así... - bajó la mirada y se hundió entre las mantas.

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