domingo, 11 de diciembre de 2011


- ¿Qué ocurre ahora? - la mirada perdida de Ann era increíble. Se olía el vacío.
- ¿Eh? ¿Qué? - Estaba en otro lugar.
- Digo que qué te pasa ahora, a ti, que siempre te pasa algo - suspiró.
- Me pasa el tiempo, Amber, el tiempo. Cada segundo, cada minuto...eso me pasa - se apoyó sobre su mano izquierda y entrecerró los ojos.
- Es agobiante - la miró, desquiciada.
- ¿El qué? - giró la cabeza levemente hacia ella.
- Tú, tú y tu eterna situación de desamparo. Tu eterna situación en que lo problemas realmente no existen pero te los inventas para poder ser víctima de tu propia vida una y otra vez - la miró desganada y suspiró - ¿No te das cuenta de lo fácil que es tu vida? Hay personas que no llegan a fin de mes, que tienen que cuidar de un familiar enfermo o que ellos mismos están enfermos. Personas que mueren de hambre, personas que viven la cruda crueldad del mundo. Y tú, mírate. Ahí sentada, suspirando y quedándote pasmada ante dos chorradas del universo. ¡Ante nada Ann, nada! - gritó histérica - ¡Eres una inmadura! ¡No ves más allá de ti misma! ¡Egoísta! - Ann suspiró - No tienes remedio.
- Gracias - se levantó y se fue hasta su habitación, encendió la cadena de música y bajó el tono - Y así empezamos la tarde. ¿Cómo le explicas a alguien que sabes todo eso, que la tristeza sigue invadiéndote sin sentido ni motivo y encima te empujan más abajo...cómo? - cerró los ojos para escuchar aquel violín.

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