Eras un soplo de aire fresco después de meses encerrada en una habitación sin ventanas. Sonrisas, cosas nuevas, ideas, sueños. Risas y más risas. Ideales que admirava, una actitud arrolladora que destrozaba a ratos mi tristeza más profunda, una mano que me ayudaba a salir del pozo. Eso fuiste. Y explícame. ¿Cómo cambiaste tanto? ¿Qué pasó? Te marchitaste. Te convertiste en algo peor de lo que veía en ella. Dejaste aquellos ideales, los principios bajo tierra tras excusas tontas. Tú, la preciosa tú. No sabes la decepción que me llevé contigo, no sólo por ti. No sabes cuánto me costó no entregarme a alguien, ser tan diferente. La culpa fue mía, por eso ahora te odio. Te odio porque nunca viste lo mejor de mi y yo no volví a ver lo que me encantó de ti.
Ella.
No hay comentarios:
Publicar un comentario