martes, 19 de octubre de 2010

Digamos que las vidas estan formadas por los quiero y los tengo que. Los quiero ocupan la mayor parte de tiempo en nuestras mentes. Siempre queremos hacer cosas. En cambio, los tengo que, son los que más se demandan y por tanto, los que, estructuralmente hablando y siendo realistas, basan la vida de las personas. Aunque no sé si seré la única, que está llena de quieros y más llena aun de tengo que pero. Nos pasamos el tiempo pensando en lo que tenemos que hacer: Tengo que fotocopiar esto, tengo que comprar papel, tengo que imprimir lo de pedagogia, tengo que estudiar, tengo que comprar un nordico, tengo que ir a clase, tengo que.. así infinitos. Pero luego estan los quiero: Quiero ir al salón del manga, quiero comerme una tostada con nutella, quiero jugar al ragnarok, quiero ir al cine, quiero echarme una siesta, quiero abrazar a mi familia, quiero... así infinitos también, incluso suelen ser más que los tengo que. Pero luego de hacer esta lista mental, hay otro apartado. Este apartado, para algunas personas, ocupa más tiempo que ninguno. El tengo que hacer pero: Tengo que estudiar pero tengo pereza, luego lo haré; tengo que ir a comprar pero me duelen los pies, más tarde; tengo que levantarme, pero es muy pronto, un poco más... así, esta vez, más que infinitos. Estos tengo que, como vemos, suelen ir seguidos de un adverbio de tiempo que atrasa la acción.


Los tengo que pero crean una cadena viciosa en algunas mentes con conciencia, quizá, cargante. Esta cadena viciosa se compone de un pensamiento contínuo en el tengo que pero, seguido de las consecuencias (llámemosle debería de) y los quiero que nunca pueden faltar. La mente se llena de un sentimiento de culpabilidad continuo que no permite avanzar, quedándonos en lo que hacemos mal, centrandonos en lo que nos gustaría hacer pero dejándo lo que tenemos que hacer para más tarde, lo que trae como consecuencia no poder hacer lo que se quiere porque hay que hacer lo que se debe pero más tarde, así que se pasa a un sentimiento de angustia y así contínuamente. Pero hay veces que esta cadena se rompe. ¡Pum!
Aun me pregunto cómo pasa. Quizá sea esa fuerza que te da en ciertas etapas, el empujón de madurar y eso, o no sé, quizá sea que un día va y dices: "Eh tío, ¿por qué no hago lo que tengo que hacer cuando toca? ¿Por qué voy a contracorriente sintiéndome mal? Va, tío, voy a hacer lo que debo."
No sé, la mente es tan complicada y enrevesada.

1 comentario:

  1. Te pasas tú pensando en lo que tienes que hacer y así se estresas <_<. Yo no pienso casi nunca lo que debo hacer.

    ResponderEliminar