domingo, 24 de octubre de 2010


Hacer una vida propia es algo difícil. Bueno, hacer algo propio lo es. Hacer que tu cama tenga la almohada de la manera en que a ti te gusta, que la ropa esté colocada como a ti te gusta, organizarte como a ti te gusta, que te traten como a ti te gusta... Todo cuesta trabajo, sobretodo cuando hablamos de lo último, de personas.
Que una persona sepa como eres cuesta mucho tiempo, aunque a veces en nada ya eres parte de su mundo. Pero cuando trasladas tu vida de lugar, te dejas muchas cosas de la manera que te gustan y pasas a una base llana. Hay que volver a modelar todo lo que quieres. La cama sólo costará unos días, la ropa unas horas, tu habitación unos minutos, las clases una semana, las personas...¿Cuánto costaría eso?
Cuando nadie te conoce, cuando nadie sabe con verte qué necesitas, nadie sabe de qué humor estás, que gritas por un abrazo con la mirada, eso nadie lo ve. Tienes que empezarlo todo de cero, sin una base, sin un alguien en casa que te dará un abrazo por tu frustración, sólo voces, sólo letras. No es lo mismo, no lo es. Supongo que con el tiempo las cosas van cogiendo ese aroma familiar y el empezar de nuevo hace que sea lentamente como surgen las cosas. Es como si estuvieses bajo la luz, sola, a prueba. Pero sabes que con tu mejor sonrisa, contrastarás esa luz.

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