lunes, 15 de noviembre de 2010

Diría, después de un tiempo, que son realmente fuertes. Los roles dados por la sociedad, se marcan y graban en mentes jóvenes y aun no demasiado lúcidas. Puede que sólo sea una percepción mia, pero hay personas que tienen ciertas espectativas en cuanto a tu comportamiento, y cuando tú, a saber por qué, no asumes del todo éstos roles y los interpretas de una manera personal, te estigmatizan y etiquetan.
Cuando eres más pequeño y piensas de una forma bastante individual, crees que tienes más personalidad que los demás, que no aceptan tu forma de ser, diferente entre la de ellos, que son intolerantes - a grandes rasgos - o simplemente, son tontos.
Nunca estuve a favor de usar la envidia como un argumento, porque ésto te lleva directamente a dos puntos. El primero, prejuzgar, que es, si no siempre, la mayoría de veces erróneo, y el segundo, creerte superior de alguna manera a esa persona. Pero creo que, desde tan pequeños, ya tenemos ese pequeño sentimiento de envidia. Quizá sana o quizá no, pero está. Ver que otro interpreta, a diferencia del resto del grupo en el que estamos, porque no lo negemos, los roles grupales existen, provoca cierta envidia, ciertas ganas de haberlo interpretado diferente, aun la estigmatización. Creo, y sólo creo, que esas etiquetas y estigmatizaciones, no sólo son producto del miedo a lo diferente, al descontrol y posible caos, hay un gramo de envidia que hace agría la disolución. Porque ejercer un papel de manera diferente a la habitual, a la que estamos acostumbrados, a ver la tele y comer galletas en lugar de leer un cómic y jugar al ordenador, hablar y dirigir en lugar de ser más solitarios, tener una energía extraordinaria y adorar por siempre las infantilezas en lugar de hablar ya tan pronto de marcas, es siempre un signo de que lo vas a sufrir, macho. Aunque lo que más debe preocupar es cómo afectará ese sufrimiento, porque irá en consecuencia de cómo se lo tome esa personita, aun formándose y educandose, aun aprendiendo a cómo moverse por el mundo. Si aquella personita, desde bien pequeña, se avispa, se vuelve una abeja rápida y a veces, avispada, quizá sobreviva. Porque no hay nada peor que quedarse estancado en el pasado..



Alguien me dijo alguna vez, "usemos el sofá del pasado como trampolín..."

No hay comentarios:

Publicar un comentario