Sentía esa alegría por dentro, esa sonrisa invisible que se dibuja sola, ese brillo en los ojos. Era energía dentro de mi y no sabía como desatarla. A cada canción incrementaba, quería gritar, bailar. Todo estaba saliendo bien. Él llegó.
- ¡Bienvenido! - dije con tono burlón y una sonrisa de oreja a oreja.
- Hola - sonrió con esa sonrisa que sólo el tiene, esa que dice que soy tonta pero que adora mi tontería - ¿qué pasa?
- ¿Qué tiene que pasar? - me levanté, acercandome a él.
- No sé, estás ahí como si te acabara de tocar la lotería - dejó las bolsas de la compra en el suelo, bajó la mirada y volvió a mis ojos.
Le ayudé quité la bufanda, poco a poco, con mil cosas que decir y sin decir nada.
- ¿Y bien? ¿No me lo vas a decir? - arqueó una ceja sin borrar su deliciosa sonrisa.
- Mh mh.. - sonreí orgullosa, jugando un poco. Colgué la bufanda en el perchero.
- Hm.. - suspiró negando con la cabeza para volver a coger las bolsas e ir hasta la cocina - Eres única - metió las bebidas en la nevera.
Sonreí por inercia y le abracé, por detrás, esos dulces abrazos que te hacen sentir que eres de otro por unos instantes - Te quiero - apoyé mi cabeza en su espalda. Se giró y me abrazó.
- Y yo a ti, tonta - me dio un beso en el pelo.
Cerró la nevera con el pie - ¿Tienes frío? - negué con la cabeza aún hundida entre sus brazos - ¿Seguro? - me observó. Levanté la cabeza y me sonrojé por pura inercia.
- ¿Qué pasa? - sonrió de nuevo - ¿Tengo algo en la nariz que me miras ahí? - rió.
- No te miro la nariz, miro tus labios, tonta - me besó dulcemente y me sentí entre sus brazos, estrujada, suya, cálida. Sonreí y cerré los ojos - Ahora tú, ¿qué pasa? - me miró burlón otra vez.
- Nada... Que al lado de tu corazón nunca podré tener frío - le abracé de nuevo, pensando que era estúpida, que le parecería pastelosa.
- Tonta - y me abrazó, fue largo, suave - ¿No me vas a decir por qué esa sonrisa, verdad? - reí.
- Es simple, hacía demasiado tiempo que esperaba esto. Estar aquí, así, contigo y por fin, puede ser, ¿no es increible? - me brillaron los ojos con una luz ténue.
- Te amo - me cogió las manos.
- Y yo a ti - y sentí su mirada, sus ojos raros, sus preciosos ojos raros allí, en frente de mi, con su blanca piel, sus manos cogidas a las mías, su voz suave y dulce, su expresión, él. Ni Edward cullen podría superarlo.. ♥
Uissssssss que poquico te falta pa no ver mas ese paisaje jijiji.
ResponderEliminarPetonets.
Casualmente esa otra persona se llama Edward, que casualidad =o
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